Programa de Acompañamiento e Intervención Integral a Víctimas del Conflicto Político, Social y Armado Interno. 

 
jueves, 16 de mayo de 2013

LAS VICTIMAS TIENEN ALMA Y TIENEN VOZ

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LAS VICTIMAS TIENEN ALMA Y TIENEN VOZ


San Vicente del Caguán, un municipio del Caquetá, en el sur de Colombia, fue el epicentro de uno de los intentos del Gobierno y las FARC por hallar una salida política al conflicto armado que vive Colombia desde hace más de 40 años.

Esos diálogos, que comenzaron el 14 de octubre de 1998, terminaron la noche del 21 de febrero de 2002, cuando el entonces presidente Andrés Pastrana Arango, dió por terminada la zona de distensión y le ordenó al Ejército recuperar los cinco municipios que habían sido despejados para llevar a cabo las conversaciones.



Desde entonces, San Vicente del Caguán prácticamente desapareció de los periódicos y noticieros. Los habitantes de esta población continuaron sus vidas cargando con las consecuencias de dichas conversaciones, los periodistas regresaron a sus sedes y casi nadie se volvió a acordar de estas personas que vivieron en su calles y veredas, durante esos años, el tira y afloje entre Gobierno y guerrilla.

Ahora que el Gobierno y la Guerrilla se encuentran sentados de nuevo en la mesa, en la Habana, Cuba. San Vicente y sus habitantes son un recuerdo aún más lejano. Por esa razón, esta crónica reconstruye, en parte, la historia de una familia desplazada por la violencia en el corregimiento de Balsillas, municipio de San Vicente del Caguan de Caquetá y lo que esta familia vivió durante aquella época.
  
La mañana del día sábado 08 de junio de 2013; nos reunimos en casa de Paola, Laura también llega temprano, una muchacha de apariencia bastante joven, vestía una camiseta fucsia y un short beige. Ella decidió contarnos su historia a pesar del dolor que le causa recordar toda esta tragedia por la que tuvo que pasar su familia.

Después de desayunar nos dirigimos a la sala que tiene una pared de fondo amarilla, en frente de un bar y unas poltronas en forma de L; allí nos acomodamos, contamos algunas anécdotas de nuestras vidas para romper el hielo, luego quisimos investigar sobre lo que fue la zona de distinción, y de esta manera empezamos a hondar en el tema.

Laura empieza contándonos lo que era el corregimiento de Balsilla antes, durante y después de la zona de despeje.

“Hace 15 años, en  Balsillas corregimiento de San Vicente del Caguán, departamento del Caquetá; se respiraba tranquilidad, en el año de1998 en el gobierno de Andrés Pastrana Arango como Presidente de la República de Colombia; quien inician una negociación de paz en el país donde, el proceso de diálogo estuvo acompañado por gobiernos de varios países, organizaciones multilaterales, no gubernamentales (ONGs) y sectores de la sociedad civil colombiana y extranjera, en todo este proceso los diálogos de paz tuvieron varios inconvenientes, empezando por los roces del Ministro de Defensa y Altos Mando Militares, con el Presidente Pastrana por la decisión de otorgar una zona a las FARC; sin un cese al fuego generalizado; el departamento fue desmilitarizado por órdenes del Presidente de la República y se convierte en zona de negociaciones de paz, mientras esto eran  lo que pasaban en   los  noticieros de los principales cadenas de televisión. La guerrilla se encargaba de reclutar  niños,  niñas y en grande al narcotráfico. Así termino todo sin llegar a un acuerdo de paz y la guerrilla fortalecida con armamento y territorio”.

En el año 2002 se elige a  Álvaro Uribe Vélez, como nuevo Presidente; el cual da  la orden de recuperar el departamento de Caquetá a sangre y fuego, donde empezó una guerra en el departamento del Caquetá  por la toma de poder y el territorio.

Mientras unos celebraban las ruptura del proceso de paz,  los campesinos y la gente que no tenía nada que ver con el conflicto eran los más perjudicados;  perdían lo más preciado donde por años habían luchado por mantener, sus tierras, cultivos y sus  familias.

Muchas de las familias salieron desplazadas, entre esas, la familia de Laura; la cual empieza la lucha por mantenerse unidos y lo más importante, con vida; su hermano Juan Felipe, era el único varón, tenía 18 años y se había dirigido hacía el municipio de Garzón Huila, en el año 1997, buscando mejores oportunidades de vida. Donde fue seleccionado para prestar su servicio militar, en dicho momento la guerrilla no lo tomó en mal sentido, puesto que se sabe la obligatoriedad que se tiene para la prestación de servicio en los hombres; “pasado un año, después de que mi hermano tomará la decisión de continuar con la carrera militar, se torno ofensivo y peligroso, tanto, para Él, la guerrilla y su propia familia; motivo por el cual nos dieron dos horas para salirnos del pueblo o si no asumiríamos las consecuencias”. Afirma Laura

Laura con nostalgia cuenta, todas las necesidades que se pasan por culpa del desplazamiento, y la tristeza de dejar su casa, cultivos y animales, donde no los dejaron sacar nada, tan solo una poca ropa.

“Todas las familias que logramos salir antes de que la guerrilla, diera la orden de  no dejar salir a nadie más del pueblo, porque después de una semana de ese hecho, llegaron los paramilitares o los AUC como se hacían llamar, y los campesinos que quedaron se convirtieron en escudos humanos para protegerse ellos mismos; también, con lista en mano empiezan a violar mujeres, asesinar  hombres, niños, mujeres y ancianos, todos éramos objetivo militar, antes de que saliéramos  en medio de los combates; se escuchaban helicópteros, bombas y tiros, por todos lados y nosotros con banderas blancas, nos identificábamos como campesinos; pero, ni así respetaban; el decir de los Militares, era que nadie les garantizaban que realmente lo fueran, razón por la cual, mataron muchas familias enteras.”

Hombres y niños obligados a formar partes de las filas de los rebeldes y terminaban muertos aquellos campesinos, quienes se negaban a seguían la ideología y la lucha por el poder de los guerrilleros. Sacaban  a los campesinos de sus tierras, vendían sus fincas a los narcotraficantes para cultivar coca, mariguana, (etc,), para así, financiar la guerra.
Los campesinos desplazados empiezan a salir y a dejar sus tierras para salvaguardar sus vidas entre esas mi familia, perdiendo todo. Era eso o la vida de las familias que estábamos involucradas y declarados objetivos militar.

“Se enteraron que nos íbamos del pueblo y un lunes a las 7:00 de la noche golpean la puerta, salgo y era un comandante, a quien lo apodaban con el Alías de Tío Barbas, diciéndonos que querían que mi hermana Fernanda hiciera parte de las filas de las FARC, para que todos lucháramos por un país libre, según nos decían ellos. Como era de esperarse mi madre, se desbordo en llanto y se arrodillo ante él, rogándole, suplicándole, para que por caridad de Dios, no se llevara a mi hermana; pero realmente no sirvió de nada. En ese entonces mi hermana con tan solo doce años, fue obligada a formando parte de las filas de la guerrilla, con dolor y tristeza pero no teníamos derecho a decir nada.” Cuenta Laura

-Mi hermana anteriormente, había tenido un accidente, por unos tipos que me la querían violar y en el momento que ella huía, se resbaló y se partió el pie derecho, a ellos se les informo de su estado, pero aun así no les importó llevársela. Pasado unos días y después de cerciorarse que realmente no les servía en campo de entrenamiento; le enviaron a mi madre una carta, en donde decía, que si querían volver a ver su hija, deberían de realizar un cambio por Laura.

-En ese entonces yo vivía en Neiva, pues ya hace unos meses atrás me había venido de allá, tratando de evitar lo que en ese momento vivíamos; mi madre viajo cerca de dos horas para llegar hasta el otro pueblo, en busca de poder realizar una llamada y decirme a mi, que se habían llevado a mi hermanita y que si queríamos volverla a ver tenía que entregarme a mí a cambio de ella, pues ella no les había servido porque tenía un pie enfermo. Sin pensarlo dos veces le dije a mi mamá que contará conmigo y que al día siguiente viajaba en la primera chiva, para que me esperara y estuviera pendiente de mí.

Así fue, tuve que viajar de regreso a San Vicente del Caguán, donde tenían a mí hermana, me presente ante el comandante y le informé que venía en cambio de la libertad de  mi hermana; sin chistar el comandante me dijo, - ese es su fusil y hay esta su uniforme, mientras que Usted Fernanda, vallase para su casa.

 Ahora la lucha de mi familia era para recuperarme a mí, se reunieron los integrantes de la Junta de Acción Comunal y el Presidente del Corregimiento, quienes recibieron a mi hermana, pero, la vida de ella había cambiado, ya no era esa niña dulce, que conocíamos; era una niña sin ganas de vivir, pues allí abusaban de las niñas y las obligaban a  tener relaciones con su comandantes y esto le había pasado a mi hermana Fernanda.

Mientras tanto yo fui conducida a las montañas del Municipio de San Vicente del Caguán, en aquel entonces yo tan solo tenía 14 años y caminamos por varios días hasta que llegamos a un gran campamento donde habían muchos guerrilleros y guerrilleras, tenían muchos niños y niñas para entrenar, entre esos niños estaba yo, nos levantaban a las cuatro de la mañana para entrenarnos en armas y en defensa personal.

Mi familia en cambio no perdían las esperanza de tenerme de vuelta y acudierón a mi hermano, Él que vivía en garzón y que se encontraba en las fuerzas militares en busca de ayuda para rescatarme a mí y los demás niños que estábamos en aquel campamento, mi hermano y sus superiores organizaron una operación de rescate y en un asalto a aquel campamento fui rescatada por el ejército nacional, al igual que otros veinte niños.

Aquel día el ejército me llevo hasta Bogotá y allí estuve viviendo por unos meses, mientras tanto mis padres habían tenido que salir dejando nuestras fincas abandonadas y se dirigieron a Neiva en busca de una nueva vida y de nueva oportunidad para reunirse con la familia, mientras mi hermana Fernanda se encontraba en Cali, en un proceso de recuperación y terapias psicológica, para mejorar su vida, de esta manera algunos familiares nos ayudó con unos meses de de arriendo y así todos empezamos de nuevo en Neiva, a recuperarnos de las secuelas de la guerra y a tratar de olvidar la infinidad de maltratos y de dolor que vivimos, ya radicados aquí en Neiva empezamos a trabajar y recuperar nuestras vidas”.


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